DÍA 1: MERV, LA ANTIGUA CIUDAD-OASIS DE TURKMENISTÁN

Día uno de la aventura turkmena Nos levantamos muy temprano, antes de las 6, en nuestro hotel de Bukhara (Uzbekistán). La frontera de Farap entre Uzbekistán y Turkmenistán abre a las 8.30 de la mañana. Se tarda aproximadamente una hora y media en llegar y queremos ser los primeros para evitar las largas colas que, hemos leído, se forman a media mañana. Así que cargamos nuestras maletas y a las 6.30 salimos en taxi hacia allá. El precio del taxi, facilitado por nuestro alojamiento, es de unos 20 USD. 

Cruzar a pie la frontera, toda una experiencia

Una vez en el punto fronterizo, nuestro conductor nos “abandona” y ahora ya no tenemos más elección que seguir adelante. Con nervios y emoción, nos dirigimos hacia la parte uzbeka de la frontera, donde hay que pasar dos controles de pasaporte y uno de equipaje. En general todo se desarrolla muy rápido y no nos ponen ninguna pega. Huelga decir que no se puede ni grabar ni sacar fotos de absolutamente ningún punto fronterizo en el mundo y este no es una excepción.

A continuación, una vetusta mini-van rusa del año de la polka (1 USD) nos espera para llevarnos al siguiente control. Ahora ya sí que sí, estamos en “tierra de nadie”. Nos acercamos al lado turkmeno, los uniformes de los agentes cambian y, para ser honestos, la actitud también. Digamos que el lado uzbeko era más amigable 🙂 Aquí, un nuevo control de pasaportes y de la carta de invitación para el visado. Nos están esperando, o eso creemos, porque tienen nuestros nombres y pasaportes ya anotados en un papel y comunican por radio al siguiente punto fronterizo que vamos para allá. Estamos flipando, pero hasta aquí todo correcto.

Nos subimos en la segunda mini-van (esta es gratis, o eso creemos) siempre con nuestras maletas a cuestas. Por cierto, los únicos vehículos que pueden atravesar la frontera, son camiones transportistas, el resto lo debe hacer a pie, así que no hay tránsito de coches entre Uzbekistán y Turkmenistán.

El siguiente y último control es el más “divertido”. Unos 30 minutos de controles, facturas, firma de documentos y por supuesto, ni una sola palabra en inglés. Resultado 70 USD cada uno más 14 USD por las gestiones. No se fían al 100% así que nos piden el teléfono de nuestro guía, que afortunadamente ya nos está esperando al otro lado. Serdar viene en nuestro rescate, menos mal. Tras un último control de equipaje, otra mini-van que ya no recuerdo si pagamos (los nervios del momento) y dos controles de pasaporte más para comprobar que tenemos todos los sellos y… LISTO, estamos oficialmente en la República de Turkmenistán. Fácil, ¿no? 🙂

Conclusión: puede parecer complejo e intimidante, pero en realidad no tiene pérdida. Los guardas se encargan de indicar el camino y al final la clave es seguir a “la gente”. Lo bonito del lenguaje universal es que con una sonrisa y buena disposición (y pagando cuando se debe) se llega a todos lados 🙂

Y ahora sí, ¡comienza la expedición!

Visado turkmeno en el pasaporte

En ruta hacia Merv

Ya en nuestro coche, atravesamos la gran ciudad de Turkmenabat (la segunda más grande de Turkmenistán) donde hacemos una rápida parada para comer. Es curioso pero en Turkmenistán pocos restaurantes están anunciados como tal. Nuestro guía nos conduce a un enorme establecimiento, totalmente vacío, donde de la extensa carta solo disponen de 3 o 4 platos. No somos exquisitos, así que con unas brochetas de carne y una ensalada (todo muy rico, por cierto) nos basta para coger fuerzas y seguir nuestra ruta.

Atravesamos el desierto de Karakum, que cubre más del 80% del país durante casi 3 horas hasta llegar a Merv. Como curiosidad, Turkmenistán posee una de las economías más fuertes de Asia Central debido a las enormes reservas de gas natural y petróleo que se encuentran en este desierto.

Las impresionantes y solitarias ruinas de Merv

En la época medieval Merv (hoy conocida como Mary) fue una de las grandes ciudades del mundo islámico y una importante parada de la Ruta de la Seda. Se atribuye la fundación de la ciudad a Alejandro Magno en lo que era un importante oasis de agricultura desde el Imperio Persa. Estamos ante uno de los legados de la Ruta de la Seda más singulares e importantes, razón por la que es Patrimonio de la Humanidad por UNESCO. Eso sí, gracias al paso de los mongoles de Gengis Kan por la ciudad, lo que podemos observar hoy en día son solo ruinas de lo que la ciudad llegó a ser.

Comenzamos la visita y podemos afirmar que somos los únicos turistas en kilómetros a la redonda. Si bien es cierto que las ruinas están distribuidas en un vasto territorio que hay que recorrer en coche, no podemos dejar de pensar que en cualquier otro país del mundo estas maravillas estarían llenas de visitantes. De momento, los únicos que nos “estropean” la foto son una manada de camellos que se pasean tranquilamente bajo el sol abrasador.

En cuanto a las ruinas, destacan sobre todo la espectacular Erk-Kala o ciudadela donde podemos encontrar los vestigios de una muralla de 30 metros de alto y la ciudad o Gyaur-Kala, con los restos de mausoleos, viviendas de altos mandatarios de la Edad Media, mezquitas y otras pequeñas fortalezas de antiguos sultanes.

Nuestro guía nos relata con detalle la apasionante trayectoria de esta ciudad, que en su época de máximo esplendor llegó a tener más de 2 millones de habitantes, siendo la parada principal de la Ruta de la Seda. Decir que, como europeos, esta parte de la historia mundial nos es bastante desconocida y estamos encantados de escuchar las historias de todos los imperios que pasaron por esta zona, componiendo lo que es hoy en día la cultura y la política de Asia Central. 

La actual ciudad de Mary

A una media hora del recinto arqueológico se encuentra la cuarta ciudad más grande de Turkmenistán, Mary, fundada en 1884 como centro de producción de algodón antes del descubrimiento en 1968 de enormes reservas de gas 20 km al oeste. Ahora se trata de una ciudad moderna, llena de edificios de mármol blanco, tan típicos de este país.

Recorremos a nuestro aire las mezquitas del centro, los diferentes edificios gubernamentales y empezamos a alucinar con lo limpio, cuidado y ordenado que está todo. Hay poca gente por la calle, pero mucho tráfico. 

Nos dirigimos a cenar, en taxi turkmeno (o lo que es lo mismo, paramos un coche y le enseñamos el nombre de nuestro restaurante; Taze Gun) nos deja allí por unos 0.20 USD. Comemos muy rico, unas sopas típicas, ensaladas y brochetas de cordero. La cuenta total sale a unos 5 USD por persona con bebida y todo, una maravilla.

Nuestro primer hotel en Turkmenistán

Es hora de descansar después de un día agotador, así que nos dirigimos hacia el Hotel Mary. Las instalaciones, aparentemente, son de hotel de 5 estrellas. Grandioso, suelos de mármol, enormes columnas y muchas, muuuuchas habitaciones. Eso sí, durante nuestra estancia nos cruzamos con un total de 10 turistas y un par de viajeros de negocios. Resumiendo, un hotel de 10 plantas con prácticamente todas las habitaciones vacías. Y es lo normal, aquí lo importante es aparentar. Según entendimos, hay una planta completa siempre reservada por si viene el presidente.

La habitación y la cama son comodísimas, enormes y todo súper limpio. Empezamos a pensar que estamos siendo observados en modo “experimento del gobierno”. Pero sinceramente, estamos tan cansados que nos da absolutamente igual. ¡Hasta mañana Turkmenistán!

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